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Mientras corr√≠a por la acera y apretaba entre sus dedos uno de los se√Īalamientos met√°licos tantas veces repuestos, Shizuo ech√≥ casi todo el aire que le quedaba en los pulmones, golpe√≥ el asfalto en un paso com√ļn y se sinti√≥, por primera vez en su vida, realmente cansado. S√≠, estaba cansado, y aunque darse cuenta le hab√≠a tomado quiz√° menos que algunos segundos, fueron los suficientes para que Izaya, es decir, la raz√≥n por la que estaba corriendo, desapareciera en la siguiente esquina luego de perderse entre la multitud. Lanz√≥ una mirada atenta para encontrarlo, trat√≥ de ubicar sus rutas comunes para seguirlo, luego, como si hubiera despertado de un letargo, lo not√≥: Ikebukuro era otro. No se trataba √ļnicamente de los cambios peque√Īos y graduales como edificios, anuncios y tiendas nuevas. No, la ciudad que hab√≠a destrozado tantas veces y por la que hab√≠a corrido en su uniforme azul hac√≠a mucho tiempo, desde su primera persecuci√≥n en la preparatoria, era completamente distinta. Y supo, a plena consciencia, que hab√≠an pasado muchos a√Īos.

Solt√≥ la se√Īal de tr√°nsito y el tintineo met√°lico que produjo atrajo las miradas de los transe√ļntes a su alrededor. Sin embargo, no tuvo tiempo de notarlo, era como si en unos instantes, por accidente, los a√Īos le hubieran cobrado la cuenta de su olvido, y se mir√≥ a s√≠ mismo viejo e incapaz de seguir corriendo. Entonces, despu√©s de haber caminado unas pocas cuadras, escuch√≥ una respiraci√≥n cansada proveniente de una calle angosta a su derecha, volte√≥ casi por instinto y ah√≠ estaba √©l. No hab√≠a corrido tanto como esperaba, su figura delgada se hallaba recargada contra la pared, ten√≠a el rostro alzado pero los ojos cerrados y lanzaba volutas de vaho cada vez que exhalaba con fuerza.

No hizo ruido alguno, se tens√≥ como un predador y permaneci√≥ contempl√°ndolo en silencio como si temiera descomponer aquella escena, como si el m√°s leve sonido que pudiera emitir fuera capaz de perturbar la calma de aquel cuerpo que ya se encontraba sofocado por los ruidos de la ciudad. La verdad era que no se hab√≠a detenido a observar con atenci√≥n a Izaya en mucho tiempo, sus coincidencias ten√≠an la particularidad de durar escasos segundos antes de que se desatara el caos y lo √ļnico visible del rostro del enemigo fueran manchas borradas por la velocidad de la persecuci√≥n. Pero ahora que lo miraba detenidamente, casi en secreto, pod√≠a notar que su piel hab√≠a perdido la apariencia de la porcelana: estaba surcada de rayitas tenues que no hac√≠an m√°s que profundizarse con los leves movimientos de su rostro, los rasgos se le hab√≠an endurecido y ten√≠a las sienes veteadas de un plateado que parec√≠a nevarse de alg√ļn cielo desconocido. Trat√≥ de sorprender algo de aquellos ‚Äúeternos veintiuno‚ÄĚ, pero hab√≠an desaparecido, de ellos s√≥lo quedaba un recuerdo que, a pesar de todo, era nost√°lgico. Sali√≥ de sus pensamientos y se cruz√≥ con otros ojos: Izaya lo hab√≠a descubierto, y, como si hubiera sintonizado el mismo silencio, permaneci√≥ quieto, tambi√©n mirando.

‚ÄĒ¬ŅEste es el fin, Shizu-chan? ¬ŅTodo termina aqu√≠?‚ÄĒ aquel hombre le sonri√≥ y Shizuo pens√≥ que, despu√©s de todo, hab√≠a conservado esa maldita sonrisa. Luego no supo qu√© clase de preguntas eran esas, reproches o burlas. Izaya quiz√° hab√≠a estado esperando por un desenlace dram√°tico, con ambos o por lo menos uno de ellos en el suelo, manando sangre negra de puro rencor y coraje, con el cuerpo desfigurado, desmembrado, destruido en jirones de carne despellejada; si deb√≠a ser franco consigo mismo, Shizuo tambi√©n hab√≠a estado esperando lo mismo. Pero tambi√©n podr√≠a ser que no fuera algo tan simple como una decepci√≥n, Izaya seguramente se estaba burlando de √©l, como siempre, porque hab√≠a logrado robarle a su enemigo lo √ļnico que ten√≠a, se hab√≠a llevado toda su vida: se hab√≠a convertido en un tema recurrente, un pensamiento constante, el contenedor de sus emociones m√°s fuertes por negativas que fueran. Izaya aparec√≠a en su mente ligado a todo. Entonces sinti√≥ que las entra√Īas se le apretaban, las articulaciones de sus dedos agarrotados en un pu√Īo parec√≠an a punto de saltar, sus dientes rechinaron, y sinti√≥ cada gota de su sangra calent√°ndole el cuerpo.

Pero estaba cansado, muy cansado. Estaba cansado y se dio media vuelta sin decir una palabra para volver a casa ante la mirada de su enemigo que, todavía quieto, le observó desaparecer en la distancia.

Cuando volvi√≥ a casa, se vio en el espejo s√≥lo para recordar que √©l tambi√©n era diferente, su cabello tambi√©n ten√≠a esas vetas blancas que el per√≥xido ya no pod√≠a arreglar; su piel, los dedos con los que se tocaba el rostro, nada era lo mismo. Lo invadi√≥ una incertidumbre que le cal√≥ hondo ¬Ņhac√≠a cu√°nto tiempo Izaya hab√≠a notado que ya eran demasiado viejos para sus juegos?

Al d√≠a siguiente, por la tarde y justo despu√©s de terminar su trabajo, Shizuo lleg√≥ nuevamente a aquella callecita oscura y, al otro lado, contrastando con el paisaje urbano que se hab√≠a pintado de naranja por el sol, sus ojos vieron esa silueta conocida, y el mundo que giraba bullicioso a su alrededor desapareci√≥. Esta vez camin√≥ hacia √©l, lento y anunci√°ndose con el ruido de sus suelas, se sent√≥ a su lado en la banqueta, pero ni siquiera eso logr√≥ inmutarlo. Ah√≠, a menos de dos metros de √©l, se encontraba el sujeto al que le hab√≠a jurado odio eterno e incondicional. En la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe. De la √ļnica cosa que hab√≠a estado completamente seguro desde el d√≠a en que se conocieron, cuando por primera vez hab√≠an tratado de matarse, era que lo odiaba. Desde el fondo de su ser hasta la punta de sus u√Īas y bastaba con verlo para comenzar a dudar si lo que le recorr√≠a las venas era sangre o purulencia. Aquello era tanto que hab√≠a aprendido a identificar las partes m√°s sensibles de su cuerpo para torturarlas lentas y a golpes; tanto que sent√≠a su presencia cambiar el aire de la ciudad, y lo reconoc√≠a por su aroma y su risa. Ahora s√≥lo pod√≠a preguntarse si hab√≠a sido de puro odio el pacto que hab√≠a sellado aquel d√≠a. Porque, de todo aquello que no le permit√≠a emitir una palabra, de todo aquello que sujetaba su mirada al suelo y opacaba el barullo de la urbe, de todo eso que le hab√≠a mantenido en una isla en el tiempo y le hab√≠a hecho sentirse con las ganas de correr por las calles ¬Ņcu√°nto segu√≠a siendo odio? Era extra√Īo haber resuelto que la calidez de aquel silencio era tan simple.

‚ÄēSi te paras ah√≠, dentro de, mh‚Ķ un par de minutos, m√°s o menos, llegar√° un cami√≥n repartidor a arrollarte.‚ÄĒ La voz de Izaya se hab√≠a estrellado contra el silencio, y entonces Shizuo volvi√≥ a escuchar los murmullos del tr√°fico y los pasos de la multitud que caminaba a su alrededor.

‚Äē ¬ŅDe qu√© demonios‚Ķ?‚ÄĒ ¬ŅTodav√≠a? Shizuo mir√≥ a su alrededor con atenci√≥n, y aunque era cierto que, como todo, el lugar hab√≠a cambiado, supo d√≥nde estaba sentado, y tambi√©n supo que, muchos a√Īos atr√°s, invadido por el coraje y con una herida de navaja en el pecho, jam√°s hubiera estado ni siquiera cerca de adivinar su futuro. Oh s√≠, esta es la calle.

‚Äē¬ŅHas madurado Shizu-chan? ¬ŅO ya te diste cuenta de que, si el cami√≥n te arrolla en esta ocasi√≥n, seguro te rompes algo?

‚ÄēC√°llate de una vez, sigues comport√°ndote como una ni√Īa ¬ŅSabes cu√°ntos a√Īos tienes?‚ÄĒla suya, era una pregunta con una repuesta dolorosa que no quer√≠a o√≠r. Pero pos√≥ su mirada en Izaya, como no lo hab√≠a hecho antes. No quer√≠a o√≠r la respuesta porque la realidad visible era ya suficiente.

‚Äē¬ŅJusto ahora?‚Äē los ojos de Izaya se dirigieron a los de su contrario, que permanec√≠a est√°tico‚Äē Yo dir√≠a que unos veintitr√©s.

Ah‚Ķ Silencio. Shizuo trat√≥ de apartar la mirada, pero era imposible. Se siente como que compartimos esta isla en el tiempo. Respir√≥ tranquilo y pudo haber jurado que la sonrisa burlona y permanente en los labios del otro, por unos instantes se hab√≠a vuelto un gesto de comprensi√≥n y quiz√° otra cosa. Hoy no podr√≠amos tener m√°s que veintitr√©s. Volvi√≥ a preguntarse cu√°nto de todo aquello era odio, pero la respuesta ya no era necesaria, lo √ļnico que realmente importaba saber con urgencia era c√≥mo iban a verse de aquel d√≠a en adelante, c√≥mo iban a hacer para encontrarse todos los d√≠as y compartir el silencio y las palabras que tendr√≠an que aprender a decir. Se exasper√≥ pensando en una forma de emitir su mensaje: estar√≠a esper√°ndole al siguiente d√≠a en alg√ļn lugar de la ciudad, que por favor no fuera a faltar; pero no encontraba las palabras. Y sin embargo, algo muy dentro de s√≠ le dijo que aquel acuerdo t√°cito ya hab√≠a sido pactado, y el hombre a su lado tambi√©n lo hab√≠a entendido. Al d√≠a siguiente, se encontrar√≠an en alg√ļn lugar de Ikebukuro. Lo supieron con la misma certeza que s√≥lo hab√≠an sentido ese d√≠a en el que comenzaron a perseguirse sabiendo que jam√°s se detendr√≠an. Estaba cansado de correr tras √©l, pero no de verlo. En aquella calle, con la luz del crep√ļsculo, ten√≠a otra vez el pecho abierto de un tajo, con sus sentidos concentrados en Izaya, ya no como el cazador, sino como el comensal dispuesto a paladear y sentir lo que no hab√≠a descubierto luego de d√©cadas.

‚ÄēSi alguien me hubiera dicho que iba a terminar de esta forma‚Ķ

‚ÄēCuando dices ‚Äúesta forma‚ÄĚ ¬Ņte refieres a tu evoluci√≥n en esta subespecie de pasa malhumorada? ‚Äďri√≥ porque eso era lo natural y nada iba a cambiarlo. Era un alivio.

‚ÄēHablo de envejecer a tu lado, maldito par√°sito.

‚ÄēAh, ¬°eres del tipo rom√°ntico! ‚ÄĒotra carcajada‚Äē Eso suena como el cumplimiento de una promesa de amor, Shizu-chan.

30 de diciembre de 2014 Mel Fanfiction N√ļmero 3

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